En los primeros días de julio, en Kumpana iniciamos la planificación del proyecto Salud Mental Rural. Con esta iniciativa buscamos llegar con investigación, información y atención a comunidades rurales de nuestro país. Y desde un comienzo, todo pintaba bien; objetivos, voluntarios, logística. El compromiso no nos falta. Sí, todo estaba en marcha, menos la comunidad. Te imaginarás que buscar una comunidad que tenga necesidades a nivel de salud mental no debe ser difícil, las hay por montones. Y sí, es cierto, hay muchas, de hecho la mayoría de comunidades no cuentan con servicios psicológicos públicos en sus dispensarios médicos. No obstante, al ser un plan piloto, buscábamos algo más específico para nuestro proyecto: una comunidad pequeña, unida y de fácil acceso. 

Cuando te pones a trabajar con una población desconocida, lo primero es presentarte, segundo, presentar tu idea y por último, esperar que ellos la acepten. Hasta el día que escribo este artículo, hemos mantenido contacto con 3 comunidades rurales. Con todas ellas hemos tenido inconvenientes en el segundo paso: transmitirles nuestra idea. Problemas de cobertura en las llamadas, falta de comprensión sobre el objetivo del proyecto, falta de interés. Todo esto ha retrasado nuestro cronograma, y también nos ha evidenciado, una vez más, la falta de atención que se presta a la Salud Mental en la ruralidad del Ecuador.

Una falta de interés que se refleja en la siguiente situación: en una comunidad X, era mucho más importante resolver un tema de la producción de leche local que aplicar un proyecto de Salud Mental. ¿Está mal que la comunidad se preocupe más por temas económicos y laborales que por la psiquis de sus habitantes? Por supuesto que no está mal, y claro que es entendible. Maslow ya lo dejó claro en su teoría de motivación, antes de cualquier cosa: comer, beber y dormir. ¿Pero qué pasa entonces con la Salud Mental? ¿En qué plano queda?

Siempre he pensado que el problema es estructural. Mientras más problemas de supervivencia existan, menos atención se le prestará a la Salud Mental. Sí no erradicamos la pobreza, será complejo centrarse en trabajar el bienestar emocional. Si los ganaderos no cuentan con depósitos de leche aptos para su producción, no querrán escuchar nada sobre Salud Mental. El gran dilema se define como: ¿Qué importa más, la leche que vendo o cómo me sienta emocionalmente? Desde Kumpana, no tenemos una respuesta y por ello queremos descubrirla: porque estamos seguros que la leche y la salud mental, importan de la misma manera.

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